Lázaro Cárdenas, Q. Roo, 4 de noviembre.— Una figura alargada apareció entre la maleza y cruzó una carretera rodeada de vegetación en el municipio de Lázaro Cárdenas. Durante unos segundos quedó expuesta a la mirada de los viajeros, antes de desaparecer nuevamente entre los árboles. Se trataba de un jaguarundi, uno de los felinos más discretos y menos conocidos de la fauna silvestre mexicana.
El encuentro sorprendió a un grupo de turistas que transitaba por la zona. El animal, de cuerpo esbelto, patas relativamente cortas y una larga cola, ofreció una fugaz oportunidad de observar a una especie que, pese a habitar distintos ecosistemas del continente americano, pocas veces se deja ver en libertad.
Su apariencia rompe con la imagen tradicional de los grandes felinos. El jaguarundi (Herpailurus yagouaroundi) tiene un cuerpo alargado y una cabeza pequeña, con orejas redondeadas y un pelaje uniforme que puede presentar tonalidades rojizas, cafés o gris oscuro. Su silueta recuerda más a la de una nutria que a la de un gato silvestre, una característica que lo distingue de otros integrantes de la familia de los felinos.
A diferencia de especies de hábitos predominantemente nocturnos, el jaguarundi desarrolla buena parte de su actividad durante el día. Sin embargo, esto no significa que sea sencillo encontrarlo. Su capacidad para desplazarse entre la vegetación y la discreción con la que recorre su territorio hacen que sus apariciones sean poco frecuentes. Incluso su repertorio vocal resulta peculiar: puede emitir diferentes sonidos, algunos semejantes a silbidos y cantos de aves.
Aunque no posee el tamaño ni la fuerza de un jaguar, este pequeño depredador cumple una función importante en el equilibrio de los ecosistemas. Su alimentación incluye pequeños mamíferos, aves y reptiles, por lo que contribuye a regular las poblaciones de otras especies que forman parte de la cadena alimenticia de la selva.
En México, el jaguarundi está considerado una especie amenazada, de acuerdo con la NOM-059-SEMARNAT-2010 y las referencias de CONANP y Profepa. Su presencia en Quintana Roo adquiere especial relevancia para la conservación de la biodiversidad. La pérdida y fragmentación de su hábitat, además de los riesgos asociados con las carreteras que atraviesan zonas naturales, representan amenazas para su supervivencia.
El atropellamiento de fauna silvestre es uno de los peligros que enfrentan los animales que necesitan desplazarse entre diferentes áreas de vegetación.
Su breve aparición en Lázaro Cárdenas deja algo más que una imagen poco común para quienes tuvieron la fortuna de observarlo: recuerda que la selva maya todavía alberga una riqueza natural que permanece fuera de la mirada cotidiana.
Proteger los corredores biológicos, conservar la vegetación y mantener medidas de prevención en las carreteras son acciones fundamentales para que el jaguarundi continúe recorriendo silenciosamente estos territorios. Porque en la selva, algunas de las criaturas más extraordinarias son también las que menos veces tenemos oportunidad de encontrar.
Información: InZoom.Mx.



