La regularización de inmigrantes que impulsa el Gobierno de España es un gesto político a contracorriente en el panorama global contemporáneo. El espíritu de los tiempos en las democracias avanzadas es un movimiento en otra dirección, una de repliegue identitario, de instintos de desconfianza, recelo, resentimiento hacia los extranjeros o hasta xenofobia. Las ultraderechas nacionalpopulistas cosechan éxitos o reveses, pero en cualquier caso han conseguido influenciar el marco político en materia migratoria. En ese marco, muchas derechas convencionales e incluso algunas fuerzas progresistas —como en Dinamarca— han virado hacia políticas migratorias de extrema dureza en las cuales resulta inconcebible una medida como una regularización masiva.
Fuente: El País
